Cuando estés lista… abre la rendija.
Aquí no se confiesan pecados.
Aquí se confiesan verdades…
De esas que queman un poco al decirlas en voz alta.
Pero todavía no.
Tu respiración aún busca el ritmo.
Tu cuerpo aún se pregunta si debería entrar.
Cuando estés lista, este será el lugar donde desnudar lo que nunca dijiste.
Y créeme…
las palabras dejan marcas más profundas que los dedos.